martes, 1 de diciembre de 2009

Maduremos

Aitana murió la semana pasada. La cuidaba el novio de su madre. El médico que la atendió al verla supuso una serie de maltratos que días después la autopsia ha demostrado que no eran tales.
Aitana tenía tres años y por lo visto a causa de una reacción alérgica tenía marcas en el cuerpo similares a quemaduras de cigarro. El novio en cuestión tiene 24 años y ha quedado bastante tocado a causa de escarnio público al que ha sido sometido por los medios de comunicación.
Esto es todo lo que yo sé de este tema. Durante toda la semana los titulares que hacían referencia a la noticia me asaltaban desde las portadas digitales. Protegí mi tranquilidad mental obviandolos. Dicen que la prensa ha actuado así porque los temas de maltrato infantil está de moda y venden. Yo no lo creo ya que en ninguno de los periódicos la noticia figuró en ningún momento en los rankings de más leídas.
Ahora vienen los Hapys piriguays a rasgarse las vestiduras, a acusar al médico de precipitación, a lamentarse profundamente por el padecimiento del muchacho y el hundimiento de su prestigio. En fin, un debate más que distrae y no conduce a nada.
Yo tengo una niña de cinco años, es la luz de mis ojos y he luchado duramente por su estabilidad. Yo tengo 37 años y he pasado por las mismas ansiedades que cualquier muchacha que se queda embarazada soltera. Me ha costado dios y ayuda sacar mi relación adelante y en gran medida he tenido como motivación la seguridad de que mi hija está en buenas manos con su padre. Desde aquí le mando mi apoyo y mi solidaridad al médico que atendió a Aitana. Si hubiera sido mi hija yo hubiera preferido que pecara de exceso antes que de defecto.
El muchachito en cuestión dado lo que ya empezamos a leer y con un abogado un poquito competente se sacará una pasta en indemnizaciones. Que se coja la hemeroteca de los últimos seis días y empiece de arriba abajo a reclamarles a todos los que han filtrado y publicitado detalles y apuntes del caso de forma amarillista e irresponsable.
Aquí la que perdió fue Aitana, una niña pequeña que jugaba en un parque, que estaba vigilada por un chaval de 24 años, que era la nueva pareja de su madre, que en tres años y nueve meses como máximo había tenido tiempo y madurez como para tener dos relaciones y una hija que se mató jugando en un parque y ahora parece que no es culpa de nadie.
Lamento que tanto progre listillo y pasota aproveche el desaguisado de los medios de comunicación para restarle importancia al debate sobre el endurecimiento de las penas y sobre la funcionalidad real del principio de reinsercion social que promueve nuestro ordenamiento jurídico. Que mejor momento este en que la sangre se la ha llevado el río.

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