domingo, 8 de noviembre de 2009

La esperanza del débil.


Nuestra esperanza radica en convertir los desaires a nuestra valía en energía. Del tipo y potencia que mueve el motor interior. Energía del aguante, del tesón, reflexión y movimiento. No permitirnos bajar de nivel y luchar para resistir porque lo importante no es llegar, lo difícil es mantenerse. Por nosotros y por las próximas generaciones.

1 comentario:

  1. Jugar a decir, pero escondiendo. Jugar a esconder, pero diciendo. Al final, exclamaré como el Dante:
    ¡Abandonad toda esperanza! o quizás
    ¡Abandonad toda Esperanza!
    Yo juego, tú juegas, él ¿a qué juega?

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