
Decía Sabina, D. Joaquín, que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Y qué le vamos a hacer, debí volverlo pensamiento intrínseco. Siempre aposté hasta el final.
Pero bueno, los tiempos cambian y las edades también. Me he vuelto una cuasi cuarentona, increíblemente, me está sucediendo, no hay forma de postergarlo. Existen ventajas en este nuevo estado de consciencia. Se le aclara a uno lo que quiere.
Aún así me sigue matando la hipocresía. No hay quien encuentre normal mi ritmo.